Series: La paz de la Toscana

 
 Algunos conocidos se identifican más con mi trabajo a color sin desmedro de mi aproximación al blanco y negro.

Desde sus variados puntos de vista me honran con sus comentarios y argumentos en pro del color, desde la sensaciones encerradas en las asociaciones a determinadas tomas que se evocan memorias de otros sentidos como el sabor y el olor  hasta la exaltación emocional de una escena  a color vs. la "tristeza narrativa del blanco y negro".

Esos argumentos son en parte válidos pero incompletos desde mi forma de ver las cosas como artista fotógrafo.

Me refiero a dos aspectos del color, la expresión de la emoción y la fina sensibilidad ante el paisaje y el análisis per se del lenguaje que utilizamos en esa expresión.

No voy a caer en la tentación de parafrasear a mis admirados teóricos del color de la Bauhaus como Joseph Albers o Johannes Itten ni tampoco "validar" la emoción del del color en el paisaje, recordando por ejmeplo algunos pasajes evocadores de las Cartas a Theo, de Vincent Van Gogh, donde a través de detalladas narraciones cuyos personajes son los colores, los utiliza como iniciadores de largas especulaciones sobre los males de su sociedad hasta las más encumbradas ensoñaciones sbre la bondad humana.

Mis alcances son más humildes. En mi versión en blanco y negro de esta foto la acompañé con el texto:
Procesando las fotos que tomé en la Toscana.

Lejos de ser las típicas vistas floreadas de primavera son más bien sensaciones
de un mar tostado en tonos dorados, bronce y gris,
barnizados aquí y allá con algunos toques de azules y amarillos.


La tierra como un vientre gigantesco está lista para recibir la simiente que continúa
la vida, percibo un silencioso letargo que reverencio como anuncio del fértil porvenir.

Es una experiencia de paz que me llena y renuevo en este momento. 

El suave arrullo de la brisa, el horizonte que invita a visitarlo con la imaginación para
acercarme a alguno de los lejanos y enigmáticos cipreses  o a la señorial estancia cuyos tonos ocres se mimetizan admirablemente con el paisaje.

Camino suavemente, sin prisa, por un camino vecinal de tierra cuyas piedrecitas me recuerdan donde estoy.

Lo que intento en sencillas palabras es alejarme de lo conspicuo en  la expresión  del color,  de la postal que carece de sutileza descriptiva, acercarme cada vez más a la mesurada expresión como por ejemplo en la obra de Samuel Leiter.

Aunque reconozco que en la fotografía no hay manera de construir el color como en la pintura a partir de la nada creativa, puesto que el paisaje nos es dado, no escondo en forma alguna que la selección de la toma y su post producción revelan más el paisjae que somos.

La Toscana, IX-2012
RBD